Satisfacción



"Sentía que era yo, que no dejaba nada oculto al territorio de sensualidad y placer que habíamos creado entre los dos. Cada imagen que venía a mi mente, cada pensamiento, cada deseo, lo verbalizaba, se lo comunicaba, poco a poco, creando en él un mayor grado de excitación, haciéndole cómplice de la vasta superficie de mi sexualidad, de sus recodos, sus ríos, sus valles e incluso los descubrimientos que nuestra vivencia iba aflorando. Sentía, también, que él estaba del mismo modo, receptivo, entregado, totalmente desinhibido, abierto a las sensaciones, cómodo y relajado. Estabamos ávidos de curiosidad, de interés, de darnos, de explorarnos, de decirnos, sentirnos y saciarnos. Nos sentíamos felices, alegres y juguetones. Nos sentíamos anchos, inmensos. Nos sentíamos excitados, desbordando pasión, reteniendo su cauce para prolongar su disfrute. Habíamos conectado, nos entendíamos. El placer nos inundaba sin reparos, habíamos abierto todas las compuertas, el manantial de la emoción y de la gratificación entraba a raudales a saciar nuestros cuerpos, sus mentes y sus sentimientos. Ya no quedaba nada dentro de nosotros, nos habíamos vaciado en el otro, habíamos agotado nuestras reservas de sensaciones... Satisfechos, repletos, confiados, cómplices y alegres, descansamos plácidamente, escuchando el viento que nos recordaba la vida fuera de nuestro territorio de intimidad, en la calle... Nos vestimos y salimos a caminar sin rumbo. Ahora sin hablar, nos sentíamos juntos" (Salinas, D., 2002)


Esta recreación de una escena erótica en la que dos personas comparten su intimidad y se entregan a los juegos sexuales, nos revela que la satisfacción sexual se alcanza cuando la persona logra dar respuesta a sus propias expectativas de placer físicas y psicológicas, agotando su fuente de deseo y consiguiendo la plena relajación física junto a un elevado grado de bienestar emocional y psíquico. No hay una medida universal de la satisfacción, porque para cada individuo será distinto, e incluso para un mismo individuo cada situación será diferente, sin embargo, la noción o la capacidad para percibir la satisfacción si es universal.

La satisfacción es un estado subjetivo, diferente, no sólo en grado, también en significado para cada individuo. La sensación de satisfacción se nos manifiesta tanto en el ámbito psíquico como físico cuando al integrar a través de la percepción toda una serie de impresiones o sensaciones con las expectativas emocionales y motivacionales, interpretamos que hemos alcanzado el grado máximo de gratificación o placer que esperábamos obtener.

En las relaciones sexuales confluyen motivaciones primarias (satisfacer una necesidad  hormonal) y secundarias (satisfacer el interés o la curiosidad por algo o alguien). Como en todas las dimensiones del individuo (comida, relaciones sociales, trabajo, etc.), es más fácil satisfacer las motivaciones primarias, más fundamentales, más relacionadas con lo biológico (la atracción sexual, el hambre, el sueño...) que dar satisfacción a las secundarias (estética, autoestima, comunicación, etc.).

¿Somos conscientes de la satisfacción?



La capacidad para disfrutar de la satisfacción y conocer cómo se produce, es decir, el nivel de conciencia de nuestra satisfacción dependerá de la atención que prestemos a los procesos que nos han conducido a ese nivel de satisfacción y hacia la propia sensación de estar satisfechos. Cuanta mayor sea nuestra capacidad para entender qué nos sucede, mayor será la sensación de satisfacción, porque el nivel de conciencia también lo es, despertando más la sensibilidad.

Por ejemplo, si somos conscientes de que en un determinado momento lo que nos ha producido mayor relajación, predisposición al disfrute de una caricia y placer ha sido una frase susurrada en nuestro oído, estaremos en mejores condiciones de saber si podemos volver a vivir esa situación comunicándonos con nuestra pareja sexual, de prepararnos para el goce,  de anticipar el disfrute que ya se conoce, prolongando las perspectivas del umbral de placer y evaluando nuestras posibilidades de satisfacerlo.

Placer y satisfacción no son la misma sensación



Podemos sentir placer y disfrutarlo de forma prolongada, pero no necesariamente tiene que ir unido a la sensación de satisfacción. Muchas situaciones nos pueden provocar placer sexual, una fantasía, ciertos estímulos eróticos, conversaciones, etc., que incluso sin implicar contacto físico nos producen una sensación placentera, activan nuestra dimensión erótica, provocan nuestro deseo, alteran nuestro estado físico generando flujo o produciendo erecciones. Todo ello nos puede colocar en un estado de placer que se puede evaporar o diluir sin que tengamos la sensación de haber alcanzado un estado de satisfacción sexual.

Dado que la satisfacción sexual es una sensación subjetiva y que depende de factores de tipo psíquico y físico amplios, tampoco está causada siempre del mismo modo en el individuo. Unas veces se alcanzará la satisfacción sexual a través del autoerotismo, otras por medio de las relaciones sexuales con una pareja; unas veces será la penetración vaginal, otras la mutua masturbación, la felación o el anilingus, etc.

Todo ello dependerá de circunstancias como el tiempo que tengamos para dedicar a las relaciones, las fantasías que hayan precipitado el deseo, las insinuaciones de nuestra pareja, etc. No es conveniente establecer una sola vía de acceso a la satisfacción, por ejemplo el orgasmo, porque estaremos creando posibilidades de rutinización de las relaciones sexuales y un fracaso casi seguro con el tiempo.  Es mejor dejar que nuestro cuerpo tenga la 'palabra' y nos guíe al respecto en cada ocasión. Entonces es más probable que notemos las diferencias entre los distintos modos de alcanzar la satisfacción, sin ajustarnos a un patrón rígido.

La satisfacción está estrechamente relacionada con la objetividad de las expectativas generadas y de cómo interpretamos nuestras experiencias. Si existe un buen equilibrio entre lo que pretendo obtener y mis posibilidades reales de alcanzarlo, es más probable que alcance un alto grado de satisfacción, por muy 'sencillas' que sean esas expectativas.

Sucede al contrario, si construyo unas expectativas que no se ajustan a mis posibilidades reales, por muy sofisticadas que sean aquellas, mi grado de satisfacción va a ser mucho menor, si es que no es nulo. La satisfacción, por lo tanto, depende mucho de mi sensatez para establecer las metas.

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©Lola Salinas

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