Hay dos tipos de trastorno, la inhibición del deseo o deseo hipoactivo y el deseo hiperactivo o exceso de deseo. En ambos casos la línea que diferencia el límite entre lo que sería un trastorno y lo que está dentro de lo "normal", es muy sutil. Lo que para unas personas es normal para otras es exagerado o es muy reducido, por lo tanto para llevar a cabo un diagnóstico de estas características lo primero que hemos de tener en cuenta es el propio sentimiento de la persona que lo padece. Así mismo, las relaciones de pareja suelen suscitar diferencias en ese sentido. Suele suceder que uno de los dos miembros tiene mayor frecuencia de deseo que el otro. En cualquier caso el sentimiento personal o de la pareja de que hay poco deseo o demasiado deseo, ya es un conflicto que conviene solucionar. La disfunción más habitual es la falta de deseo. En términos generales llamamos trastorno del deseo por inhibición a la disminución o ausencia prolongada de motivación sexual en sus modalidades de fantasías y deseo de la actividad sexual, cuando cursan estos síntomas con sentimientos de angustia o dificultades de relación. La motivación sexual, la capacidad de erotizar una situación y transformar el ánimo en deseo sexual es un proceso psico-social que puede funcionar de forma inconsciente o consciente dependiendo del individuo. Hay muchos factores que intervienen en la aparición de la motivación: un buen estado de salud física y mental; unas buenas relaciones; una autoestima adecuada; un entorno grato; un buen estado anímico; unas relaciones interpersonales satisfactorias, etc. son elementos que nos afectan positivamente, mientras que su ausencia y cómo vivimos esa ausencia, es decir, la interpretación de esa vivencia, puede provocar en nosotros la desmotivación erótica. Al igual que con otros trastornos, la inhibición del deseo o el bajo deseo sexual pueden tener un carácter primario, porque suceden desde la adolescencia y puede ser debido a un trauma en la infancia; o pueden ser de carácter secundario o adquirido a lo largo del tiempo. La mayor parte de las personas que atienden a consulta por padecer trastorno del deseo sexual acuden porque eso les ha llevado a una crisis de pareja. Sin embargo, las personas que aún no teniendo pareja, sufren este tipo de problemas y lo hacen en silencio, mostrando una apatía generalizada pueden estar enquistando un problema que les afecta a su bienestar personal y, posiblemente en las relaciones para una futura pareja, siendo muy recomendable que examinen las razones de su malestar. Por otra parte, se puede producir una cierta apatía, derivada de la rutina y aburrimiento en las relaciones sexuales con la pareja y continuar un nivel de deseo "normal" hacia otras personas. El diagnóstico pasa, como es lógico, por identificar la tipología y si está originado por otro tipo de enfermedades asociadas (depresión, medicación, cirugía, problemas endocrinos, etc.); deriva de la relación de pareja; de la actitud del individuo o es consecuencia de otras disfunciones sexuales (erección, eyaculación precoz, anorgasmia, insatisfacción, etc.). Si se da el caso de que hubiera alguna enfermedad o disfunción causal, deberá tratarse primero aquella y proceder, después a la atención de la inhibición, si es que no se ha superado con la terapia previa. © Dolores Salinas 2004