"Mi cuerpo era un vasto territorio dulce, salvaje, intenso, delicado y sutil. Mi mente se complacía a través de sus palabras, de nuestro diálogo íntimo, erótico y desinhibido. Mis ojos respondían complacidos su mirada de deseo, mis manos recorrían sin pudor, recreando con ardor su amable cuerpo que me inundaba, deslizándose sólido, tierno, despiadado y generoso. Nuestros besos eran nuestro lenguaje, nuestros labios una infinita fuente de sensibilidad, un manantial de emociones. Sus caricias me descubrían mi cuerpo, me abrían al mundo del placer, me ensanchaban mis propios límites de vivirme, de sentirme y de ser. El deseo, cedió lugar a la pasión de vivir la excitación hasta el límite, de estar en él, de vivirle en mi, de sentirnos una sola piel, con una sensibilidad común, con una única respiración con jadeos distintos, pulsos iguales, sentidos semejantes. La tensión creció hasta el límite, pero no quisimos agotarnos, no en ese momento. Descansamos, hablamos mirándonos, reímos y despacio, consciente y pausadamente, retomamos nuestra fiesta de los sentidos. Prolongamos el placer hasta la madrugada. Extenuados, nos dormimos tendidos, abatidos, agotados, felices y abrazados... " (Salinas,D., 2002)
Sexualidad