Desde nuestro punto de vista, la definición más acertada de "eyaculación precoz", que es como comúnmente se denomina la dificultad para controlar la eyaculación, es esta de H.S.Kaplan que hace referencia a la acción voluntaria del hombre para interrumpir el proceso eyaculatorio. La dificultad consiste, por lo tanto, en no estar en condiciones de ejercer esa voluntad, con independencia del tiempo de excitación, el grado de excitación, la(el) compañera(o) y otras circunstancias. La eyaculación involuntaria no tiene un origen orgánico. En la falta o dificultad de control voluntario pueden verse implicados factores de muy diversa índole: aprendizaje (información inadecuada o incompleta, educación errónea, sentimientos de culpabilidad), experiencias (relaciones sexuales con otras personas marcadas por el miedo o la ansiedad), situaciones personales (estrés, preocupaciones), causas psicológicas (baja autoestima, crisis de ansiedad), etc. No parece que exista un origen único, común a todos los hombres con esta dificultad. Habría que estudiar en cada caso cuales son los posibles factores que determinaron en un momento concreto una respuesta que inhibió el control de la eyaculación. Cuanto antes se trate esta disfunción, más fácil es identificar el tipo de circunstancias que la favorecen, y también impedimos que se cronifique, facilitando la terapia. Como vemos, todas ellas son de carácter personal, cultural o relacional. En definitiva, se trata de un aprendizaje inadecuado que condiciona nuestra habilidad para percibir las sensaciones placenteras en la respuesta sexual y, por lo tanto, ser capaces de controlarlas, que no de reprimirlas, a nuestra voluntad. No obstante, en la dificultad del control voluntario, hay ciertas creencias, sensaciones y sentimientos que viven casi todos los hombres con independencia de los orígenes de su dificultad. Son emociones, pensamientos y sentimientos asociados: suelen vivir las relaciones siempre con un alto grado de ansiedad, suelen pensar en una anticipación de un cierto fracaso, sienten un cierto miedo a hacerlo mal, una escasa confianza en la capacidad de hacer disfrutar a la compañera; creen en la necesidad de conseguir el orgasmo y eso les lleva a una cierta angustia si piensan que no lo van a conseguir. Una vez que se produce el primer incidente de eyaculación precoz, la forma en que el hombre interpreta ese incidente y la repetición del mismo en dos o tres ocasiones, quizá también de los mismos factores que la determinaron, puede llevar a condicionar la respuesta prematura, llegando a cronificarse y generando frustración, dudas, temor y ansiedad. Posteriormente, es precisamente ese estado de ansiedad y angustia asociadas lo que imposibilita la vivencia relajada, consciente y plena de las sensaciones que acompañan al placer de las relaciones sexuales en la fase pre-eyaculatoria, lo que impide percibir correctamente el proceso en el que se inicia la eyaculación, sus sensaciones asociadas y, por lo tanto, su control. Contrariamente a lo que muchos hombres piensan, la eyaculación involuntaria no deriva de la hipersensibilidad, sino de la dificultad de percibir las sensaciones. Es decir, no se eyacula involuntariamente porque "sintamos mucho", es porque no percibimos (ver apartado de Percepción) correctamente lo que sentimos. Lo que sucede es que el estado de ansiedad que se nos genera en una situación de estrés o hiperestesia se puede confundir con un exceso de la percepción sensible, es decir, se confunde el "nerviosismo" con la sensibilidad, cuando, en realidad, ésta última no se puede experimentar plenamente si no se da una cierta relajación física y una concentración en las sensaciones adecuadas. El estado de ansiedad hace que el sistema nervioso autónomo que es el encargado de controlar las reacciones orgasmicas y eyaculatorias, se hiperactive produciendo la eyaculación sin que seamos capaces de percibirlo y, por lo tanto, controlarlo. Esto sucede así, con independencia de que el hombre haya sufrido eyaculación involuntaria siempre, o ésta sea temporal o situacional. Puede darse con unas mujeres y no con otras, en unas posturas y no en otras, al inicio de una relación o después de un tiempo, etc. El hecho de que los factores determinantes sean de carácter emocional, de aprendizaje y cognitivo corrobora precisamente el que la casuística y variedad de situaciones en las que se produce eyaculación involuntaria sea tan variada, porque el factor común que la desencadena reside en nuestras habilidades emocionales y cognitivas. La identificación de estos factores puede ayudar mucho a controlarlos y superar la "crisis" de ansiedad, angustia y temor que nos impide una vivencia relajada y consciente de nuestra sensibilidad y reacciones corporales. Respecto a la importancia de concienciar esas capacidades y las vivencias asociadas, nos remitimos a lo que ya venimos comentando a lo largo de otros apartados de la guía en los que hacemos referencia a los procesos de percepción de nuestras sensaciones y emociones e identificación de nuestras creencias actitudes o comportamientos. Hay una serie de creencias erróneas o ideas "irracionales" en torno a las posibles causas de la eyaculación involuntaria. Entre las más comunes se hayan: · Causas de tipo fisiológico; · Fuerte impulso sexual; · Relaciones con mujeres que se excitan mucho; · Posturas que la provocan; · Sobreexcitación. También hay creencias erróneas en los remedios: · El tiempo lo curará; · Habrá alguna medicación; · Es mejor distraerse pensando en otras cosas; · Tener relaciones sexuales frecuentes, etc. Todas estas creencias irracionales contribuyen a prolongar la dificultad porque por más que se trate de poner remedio, actuando según estos criterios, no se adquiere el control de la eyaculación, incidiendo de forma muy negativa en la actitud del hombre que la padece y en su estado de ánimo, de modo que se llegará a adquirir un sentimiento de cierto abatimiento, desánimo y desesperanza, al pensar que quizá no tendrá remedio. Por lo tanto, una correcta interpretación e identificación del problema, situándolo en el terreno de la habilidad y técnicas de relajación y sensibilización, así como un re-aprendizaje de las mismas por medio de terapia, ahorraran un sufrimiento innecesario al tiempo que paulatinamente reducirán los niveles de ansiedad producidos por el fracaso de otras terapias. Antes de iniciar una terapia, conviene descartar cualquier otro tipo de problemas, tanto en el hombre como en la compañera, que hagan difícil o imposible el tratamiento de la eyaculación precoz, siendo necesario el tratamiento previo de esa disfunción. El primer paso para iniciar una terapia de control de la eyaculación consistirá en examinar nuestras propias creencias respecto de la sexualidad (masculina y femenina); de las relaciones sexuales (caricias, coito, masturbación, etc.); de nuestra actitud ante la dificultad (identificación, deseos de superarla); de nuestro nivel de comunicación con la pareja; de nuestra educación y nivel de información, etc. Si el hombre tiene la creencia de que su sexualidad se "mide" en función de la rapidez de la erección, su duración y el número de coitos que es capaz de experimentar, es muy probable que también piense que la mujer tiene esa expectativa sobre él, por lo que se estará exigiendo, aunque lo haga de forma inconsciente, un nivel de "respuesta" que en ocasiones le puede llevar a la frustración. Esa creencia errónea, puesto que la sexualidad ya hemos visto que es algo muchísimo más amplio y complejo, le lleva a esa autoexigencia. Si, además, supone que la mujer ha de llegar al orgasmo siempre que se tiene coito, y que esa es la meta de cualquier relación sexual, también se estará incurriendo en un error, porque sabemos que ni es necesario llegar al orgasmo para quedar satisfecho y tener una relación sexual placentera, ni en el cien por cien de los casos la mujer llega al orgasmo por los mismos medios ni en las mismas circunstancias. Desmontar este tipo de creencias y otros similares es fundamental para adoptar una actitud más amplia, menos condicionante de la sexualidad, que nos permita abordar la disfunción desde una perspectiva adecuada que favorezca la vivencia placentera de otros aspectos de nuestra sensibilidad y percepción que contribuyan decisivamente en la relajación y concentración adecuadas para poder concienciar todos los procesos de respuesta sexual nuestros y de nuestra compañera (atracción, deseo, erogenización, excitación, lubricación, erección, meseta, orgasmo, eyaculación, relajación) y por lo tanto nos enseñen a controlar la eyaculación. © Dolores Salinas 2004
"La falta de un control voluntario adecuado sobre la eyaculación, con el resultado de que llega al clímax involuntariamente antes de quererlo". (Helen S. Kaplan)