"Desde hace unos días, todas las noches tengo sueños eróticos, aunque al principio no me acordaba muy bien de los personajes; estaban como borrosos. Durante el día noto que una cierta intranquilidad se ha instalado en mi estómago. No le he prestado mucha atención por culpa de la rutina diaria, el estrés y la falta de tiempo. Es ahora, después de varios días, cuando pienso en ello; relajada, tumbada en la arena, bajo un tibio sol de otoño, identifico al personaje de mis sueños eróticos y la intranquilidad que siento, y esa especie de euforia que acompaña a todo lo que hago. Es como si, fuera de la rutina, la sensibilidad y la mente se abrieran al mundo de los sentidos y el cuerpo se impusiera a mi "ceguera" enviándome señales de aviso cada vez más elocuentes... Días atrás, de vez en cuando, su imagen ha acudido a mi mente, con ella alguna palabra, algún retazo de conversación, algún gesto, al tiempo que me inundaba una agradable sensación. Esta sensación duraba unos segundos, quizá algún minuto, inmediatamente la cortaba y volvía a mi ocupación. Me doy cuenta de que me gustaría tratar más con este hombre, que me atrae sexualmente, que me agrada estar a su lado, me parece que hay "química" entre los dos." (Salinas, D., 2002)

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